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lunes, 3 de mayo de 2010

Teretulias Literarias, manual de comportamiento

 




No hay cosa más atroz en las presentaciones literarias, ni nada que corra más al público que las largas sesiones de palabras, que intentan destacar una obra y termina a los bostezos.

En esos casos, cuando la verborragia excede lo razonable, suelo salir un momento, sigilosamente, a tomarme un café, o en casos de mayor hartazgo, una porción de muzarela y vino tinto. En esta técnica de evasión es muy importante llegar antes que todos se hayan ido, y poner cara de yo no fui. Es recomendable sentarse en los laterales del salón, ni muy atrás ni muy adelante, para tener libertad de movimientos.

Si el clima afuera es inclemente, una técnica recomenda es ir acompañado de un amigo o amiga divertido,  de esas personas afines que disfrutan sutilmente de las ironías, con las cuales uno se entiende con una mirada. Eso sí, reirse para combatir el aburrimiento es definitivamente de mal gusto, pero están permitodos gestos faciales de todo tipo.

Estas técnicas no intentan descalificar las presentaciones de libros, pero debo confesar que, siendo inevitables, las prefiero de breve duración, lo menos protocolar posible, y con la menor cantidad de vedetismo de las personas que  deban hablan. Mis respeto a los presentadores que agradecen a quienes colaboraron, que no se atribuyen todo, y que dejan lugar a los otros. Mis respetos a los comentaristas que improvisan, que tiene sentido del humor. Y respecto a los autores, en su día todo les esta permitido, menos la extensión insoportable.


En el caso de que la Tertulia Literaria pinte para plomo, si te has ubicado en el lugar indicado, vas a poder irte y no volver. Al salir vas a respirar profundo, disfrutando del espacio y del tiempo que vuelven a ser tuyos.

Como dije, a veces es mejor irse. Siempre vas a poder comprar el libro y mandarle vía mail una salutación al autor .(Q)

sábado, 11 de julio de 2009

Berlusconi y el peso de la cultura clásica




Una típica, increíble, perfecta, una actitud fascista de antología, textualmente. El Ducce fue un poroto al lado de Sivio Berlusconni. Como anfitrión de la Cumbre de los Ocho, el premier italiano le regaló a los mandatarios asistentes un libro hecho con mármol de Carrara, de 25 kilos de peso!!!

Dicen los testigos que Barack miró asombrado, con esa mueca cinematográfica que lo caracteriza. Apenas recibido el presente de las propias manos de Silvio, Barack, hombre educado, agradeció con un descenso de la parte superior de su cuerpo, un saludo a la japonesa, su cuerpo doblado ante el peso de la cultura europea.

Al parecer, el libro contenía las obras del Antonio Canova, escritor peninsular del 1800. Digo al parecer, porque Obama tuvo que pedirle a su guardaespaldas que le abriera la tapa hecha con mármol, pero el custodio no pudo descifrar los caracteres itálicos. El custodio apenas sabía leer algo de norteamericano básico.(Q)

sábado, 11 de abril de 2009

Borges, Leda, el cisne y el pintor


Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta /ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, / ni la sucesión de tu vida situándose en palabras o acallamiento / serán favor tan persuasivo/ como el mirar tu sueño / en la vigilia de mis ávidos brazos.

Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, / quieta y resplandeciente como una dicha en la selección del recuerdo, /me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,

Arrojado a la quietud / divisaré esa playa última de tu ser /y te veré por vez primera quizás como un dios ha de verte, /desbaratada la ficción del Tiempo /sin el amor, sin mí.

Antelación del amor, Poema de Jorge Luis Borges. 

lunes, 24 de noviembre de 2008

WATCHISMOS


No era así mi reloj. No daba estos saltos que ahora me descolocan. Te cuento: compré (en promo
ción) un reloj analógico, o sea con agujas, marca Mercedes Benz??? La promo era así. Si comprabas pantalón y camisa te lo vendían por nueve mil pesos chilenos. Costumbres de comprador compulsivo. En Falabella de Valparaíso la ropa juvenil era atractiva pero no me iba. No sé como cortan la ropa los trasandinos. Supongo que para ellos está bien que te tire de acá y te salga de allá. O son distintos, no sé. Forzando la compra me llevé el reloj.


El Mercedita pronto empezó a ser alabado. Por su estilo ultraclásico, por supuesto. Un cuerpo negro y malla de cuero al tono. Números y manecillas plateadas. Un logos pequeño. Dejé en mi placard otros modelos más deportivos y se me instaló el nuevo, sobrio el tipo, en la muñeca izquierda.

Anduvo bien hasta ayer, cuando de pronto se puso raro. Las agujas indicaban las diez y catorce cuando claramente eran las seis de la mañana. Al rato eran las nueve y cinco, luego la una. El tipo estaba mal. Le cambié la pila, lo hice revisar. Ante el técnico se
mostró razonable. Pero conmigo se vuelve loquito. Igual lo uso. Cuestión de estilo. Ya dije, es un Mercedes Benz.


Sólo me inquieta un poco cuando marca la hora exacta, cosa que no ocurre muy seguido. Cuando las agujas marcan la hora con precisión, me comporto formalmente, apuro mis trabajos, hago lo que hay que hacer. No vaya a ser un aviso de que estoy perdiendo el tiempo, lastimosamente.

Por ejemplo ahora, esta nota, la comenencé a las trece cincuenta y la terminé casi dos horas antes de empezarla, a las once en punto. Entonces me vuelvo a preguntar. Será atinado dedicarle este tiempo a escribir, cuando hay tantas canillas que gotean? (Q)


viernes, 17 de octubre de 2008

RITUAL DE FAMILIA





Mi padre lee la biblia de cara a Jerusalén,/ con una dulce asonancia en la garganta,/ llevando al extremo venas y nervios/ tensas y dóciles escupe las vocales.../ En la madrugada que va del once al doce de noviembre, / mi padre gana el premio del millón de Susana/ ante las cámaras grita: El Evangelio ha muerto/


¡El Evangelio! ¡El Evangelio!.../ y lee para un millón de expectadores./ Agita sus brazos sudorosos y gordos/ sudorosas y gordas las orejas/ se le mueven de un lado a otro de la cara/ Susana para quitarle energías/ se cuelga de la cabeza de papá. / Mi padre corre por Cochabamba con Susana/ amarrada a la rama del nabo. Susana mide , mama la mazmorra / y sueña para cuantos sueños alcanza/ Al séptimo día de estar prendida como ladilla /Susy lo suelta y se casan en la Iglesia de papá./ Susy la platinada, conmovida, maravillada,/ al punto del síncope, descendiente del atlántico católico./

Mi padre, Susano de todas las
Susanas, / el odio que aflora del fondo de su alma/ incendia las ciudades./ !Verona, Venecia, Berazategui/ Todo es nada./ Nada es el abasto a las nueve de la noche/ Nada es la casa que nunca fue comprada./ Padre, Susy, Gambarotta, !Cuánto me provocan!


Texto de Zelarayán, de Washington Cucurto



jueves, 2 de octubre de 2008

LA MIRADA DE ZELARAYÁN TE OFENDE?



Yo entonces vivía en Potrerillos y andaba blandiendo el Diario de Poesía como un objeto obsceno. Cucurto, que en ese entonces llevaba el nombre de Santiago Vega, había ganado un premio de poesía que puso la piel de gallina a más de uno. Zelarayán se llamaba el trabajo.
Te pregunto por la presente, aunque no me contestes, si puedo, si se considera conveniente, o decente, o aceptable, publicar algunos de sus versos. Publicar por ejemplo...(dejémoslo por ahora)

Ayer, una estimadísima dama, moderna y transgresora, leyó por casualidad algunas líneas y me dijo que eso no es arte. Que no se puede disfrutar como arte la violencia injustificada.Yo le digo que es un debate antiguo. Que esa obra tiene 10 años de publicada y que hay cosas más fuertes en las letras de hoy. No me cree.
María, mi amiga vecina ecuatoriana, investigadora de la vida del Che, mujer de vanguardias si es que todavía hay vanguardias, ya me había dicho en aquel entonces ¡ Pero Yiye, como andas con esos escritos tú que eres un hombre sensible y razonable !
Será que por ahí, en temas de creatividad uno no quiere ser tan razonable!. Sé que este autor molesta a mucha gente, no él, se entiende, sino sus escritos. Sobre todo a la sensibilidad femenina. Ya dije que la polémica es vieja y no tengo ganas de seguirla.
Simplemente le pregunto a este cuaderno personal de uso público Si te presento a Zelarayán, te ofendés? Me daré unos días para escuchar lo que diga el cuaderno y luego procederé. Como en Death Note. (Si no entendés esto último, es que no estas concurriendo al ciclo de anime)



miércoles, 17 de septiembre de 2008

SECRETOS DE UN DANDY ORIENTAL



Yasunari Kawabata hace de la literatura un ejercicio exquisito donde no sobra nada. Esta es la esencia del minimalismo. En general, el arte japones más elevado tiene ese atributo. Prueba extrema son los haiKú, poemas mínimos de tres líneas. En la novela, el cuento, nuestro autor logra ese efecto de uso de la palabra esencial.

Difundo en todos los ámbitos esta literatura de recursos despojados. Para nuestro carácter latino, tan proclive, bellamente sin duda, a los barroquismos, es encontrar al Otro, cara y cruz de la moneda.

Para nosotros hay mucho que aprender de esta forma de arte. Pero más que una lección, nuestro autor nos puede traer un goce estético inesperado.
En el capítulo inicial de Las Bellas Durmientes. una de sus últimas obras publicadas, condensa la sabiduría de quien ha vivido intensamente y por eso sabe del espíritu humano.
Quede claro que la situación es esencialmente perversa, pero vale como testimonio. También Yasunari es un hombre de mundo que conoce, además de la cultura, los barrios de la prostitución y sus extraños rituales.

En Las Bellas Durmientes, el antiguo oficio se mantiene en un ámbito poco habitual. No debería contarles que las muchachas, jovencísimas, permanecen narcotizadas con opio.

Sin embargo, son sólo objeto de contemplación de los ancianos. Al menos eso se declara formalmente. Sobre lo que realmente sucede adentro de los cuartos nadie habla. Terrible sin dudas, pero nuestra autor narra lo que vio y vivió en su Tokio nataL.

Pero por ahí uno interrumpe la lectura. Se hace difícil digerir lo que sucede y no sucede. Lo que no se cuenta, lo que queda entre las líneas y es que al escribir, Yasunari lo
hace refinada y cruelmente. Sin dudas es la palabra de un dandy oriental.

UNA REFINADA PERVERSIÓN



Debo confesar que estuve apunto de bajar el fragmento de Las Bellas Durmientes publicado el día lunes. No por temor a la censura. Tampoco por lo que pudiera opinar la derecha católica. Mucho menos las militantes de las causas feministas que por su formación deberían comprender.

La censura provenían de mi propio interior, un territorio que han dado a llamar conciencia y que yo, existencialista incurable, materialista empedernido, identifico con el dolor de estómago.
Prevaleció en mí el adicto a la adrenalina y salió nomas. Inmediatamente, me llegó el mail con un comentario favorable, justamente de una mujer, que entendía sobre estos asuntos del arte.

Claro que para ver la dimensión de la extrema inmoralidad a que son sometidas Las Bellas, hay que conocer algunos de
talles sobre la vida esclava que llevaban esas niñas en las pensiones del Japón.

Dejamos para un próximo avance los testimonios sobre el rol de la mujer en algunos países del oriente que nosotros idealizamos. Miramos para otro lado. Quizá por falta de compromiso o puro
espíritu romántico.

Estuve viendo un caso parecido al de los zapatos que les colocaban a las niñas pequeñas, varios talles menores a sus pies, para que fueran más femeninos. El caso que desconocía es el de los gatos criados en frascos, para que adaptando la forma del vidrio, fueran un prodigio digno de admiración.

Crueldad contra la mujer y los niños, crueldad contra la Naturaleza, refinada crueldad. Hasta hace poco aprobada por toda la sociedad nipona. Habría que ver si esto ha cambi
ado o solo se esconde.

martes, 16 de septiembre de 2008

LAS BELLAS DURMIENTES


"...No debía ha
cer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada parecido. Había esta habitación, de unos cuatro metros cuadrados, pero al parecer no había más habitaciones en el piso superior; y como la planta baja resultaba demasiado reducida para alojar huéspedes, el lugar apenas podía llamarse una posada.
Probablemente porque su secreto no lo permitía, el portal no ostentaba ningún letrero. Todo era silencio.

Tras serle franqueado el po
rtal cerrado con llave, el viejo Eguchi sólo había visto a la mujer con quien ahora estaba hablando. Era su primera visita. Ignoraba si se trataba de la propietaria o de una criada. Era mejor no hacer preguntas.

La mujer, baja y de unos cuarenta y cinco años, tenía una voz juvenil, y daba la impresión de haber cultivado especialmente una actitud seria y formal. Los labios delgados apenas se abrían cuando hablaba. No miraba a Eguchi con frecuencia. Algo en sus ojos oscuros minaba las defensas de éste, y parecía muy segura de sí misma .


P
repael té con una tetera de hierro sobre el brasero de bronce.Las hojas de té y la calidad de la infusión eran asombrosamente buenas para el lugar y la ocasión –con objeto de tranquilizar al viejo Eguchi.

En la alcoba pen
día un cuadro de Kawai Gyokudö, probablemente una reproducción, de una aldea de montaña al calor de las hojas otoñales. Nada sugería que la habitación albergara secretos insólitos.

–Y le ruego que no intente desperta
rla, aunque no podría, hiciera lo que hiciese. Está profundamente dormida y no se da cuenta de nada. –La mujer lo repitió–: Continuará dormida y no se dará cuenta de nada, desde el principio hasta el fin. Ni siquiera de quién ha estado.

La mujer se puso de pie y abrió la cerradura de la habitación contigua. Utilizó la mano izquierda. No había nada notable en este acto, pero Eguchi retuvo el aliento mientras la miraba. Ella echó una mirada a la otra habitación. Sin duda estaba acostumbrada a mirar por las puertas, y no había nada extraño en la espalda que daba a Eguchi. No obstante, parecía extraña.

Había un pájaro grande y raro en el nudo de su
obi. Ignoraba de qué especie podía tratarse. ¿Por qué habrían puesto ojos y pies tan realistas en un pájaro estilizado?

No era que el ave fuese inquietante por sí misma, sólo que el diseño era malo; pero si había que atribuir algo inquietante a la espalda de la mujer, se encontraba allí, en el pájaro. El fondo era amarillo pálido, casi blanco.

La habitación contigua parecía débilmente iluminada. La mujer cerró la puerta sin dar vuelta a la llave, y colocó ésta sobre la mesa, frente a Eguchi. Nada en su actitud, ni en el tono de su voz, sugería que había inspeccionado una habitación secreta..."

Fragmento de LAS BELLAS DURMIENTES de Yasunari Kawabata

sábado, 13 de septiembre de 2008

UN NOBEL JAPONÉS


Acabo de encontrar una novela de
Yasunari Kawabata que no conocía. Un título que no había visto en mi vida. Fue en la librería Yeny y quedé sorprendido.
Primero me alegra que esta cadena de librerías vuelva a vender libros de la editorial Emecé; segundo, que sigan saliendo de abajo de las piedras libros del nipón.

Fue algo tan sorprendente como cuando tomé contacto físico con el muy experimental texto de La pandilla de Asakusa, obra inicial y transgresora de este Premio Novel, en el lugar menos pensado, un estante de las grandes tiendas Fallabela. Un libro hasta hace poco imposible de encontrar.


Esta vez dejaré pasar la oportunidad, nos miramos los dos, él tan campante entre los otros volúmenes, yo buscando otro autor. Indiferencia de ambas partes. Pero tengo la confianza que el nuevo texto, del que todo desconozco, pronto estará en mi mesa.

Si no te has acercado todavía a Kawabata, traemos un párrafo de Mario Bellatin para La Nación, que te invita al abordaje a la manera del autor, en clave ultraminimalista.


"Podríamos acercarnos a la obra de Yasunari Kawabata desde la aseveración de que literatura es aquello que ocurre entre la palabra y el silencio. No es un decir ni un callar sino un estado intermedio, acaso un murmurar vacíos.

Está escrita y, sin embargo, valen tanto las palabras como los espacios blancos entre ellas. Los gritos terminan, los silencios se extienden. La literatura, libre de discursos, abraza el abismo. Se escribe para expresar lo menos. Se mira el mundo para acotar su ruido, no para retratarlo. Se hace literatura para extinguirla, no para prolongarla.

No obstante, la literatura nunca muere. Está hecha de palabras y las palabras siempre significan. Toda literatura dice. Por lo mismo, para callar es necesario batirse en su contra. Entonces la novela agonizará hermosa, silenciosamente."


domingo, 3 de agosto de 2008

EN CELO, NARRATIVA ERÓTICA ARGENTINA

Creo que ya está claro que desde Zelarayán, escrito por un tal Vega fue premiado por Diario de Poesía hace ya una punta de años, se produjo un cambio en la dirección de la literatura argentina, o por lo menos en la valoración de esa otra forma de trabajar la realidad, que muestra lo que la literatura no suele ver.

Era esperable, se está formando un nuevo canon con escritores que nacieron a partir de los años 70. Su representación más precisa está en la antología Monstruos, texto de poemas con estilos muy diversos y que disfruto sin agotarlo. Bueno, ahora, pero en narrativa, aparece En Celo, temática siempre interesante y con autores que están como para una fiesta. He pedido en mi librería el texto, pero no ha llegado, en cuanto lo lea, si me queda energía, les comento mis placeres, pesares o pareceres.

Diego Grillo Trubba ha seleccionado para la editorial Random House Mondadori, una serie de cuatro antologías temáticas de lo que se ha dado en llamar "La joven guardia" de la literatura argentina contemporánea. Éste es el primer volúmen.

Integran En Celo:
Terranova / Ali / Cucurto / Mariasch / Mairal / Coelho / Abbate / Suárez / Enriquez / Antonuccio / Licitra / Arias / Moret / Parisi / Bruzzone / Ghenadenik / Linne / Vommaro y algunos otros.





Texto leído el 13 de agosto de 2007 en la presentación de En celo. (Juan José Becerra)

Si lo cronografiáramos, el sexo sería una de las actividades en la que menos tiempo empleamos, a cambio de emplear casi todo el tiempo restante en convertirlo en un tema de fantasía, como es el de la gloria literaria, o la riqueza, o el viaje a los confines. Pero el sexo ¿es un tema?

Cada historia de En celo es un caso. Incluso son historias que actuando en defensa de su propia forma –y de sus gustos– no podrían entenderse entre sí. Postulado como tema, el sexo de En celo se desliza hacia la radicalidad de la experiencia literaria, el micro asunto o la perversión. ¿Qué encontramos en estas variedades?

¿Hay algo en común entre estas historias? Casi nada (el tema es apenas un poco más que nada), salvo el interés o el impulso que lleva a las historias lejos de cualquier compañía. La soledad del cuerpo y la de la escritura, reunidas en una misma unidad metafísica, son el único punto en común de una antología en la que sus componentes son cápsulas blindadas de individualidad.

Si En celo se reúne algo, eso que se reúne es la prueba de una separación: de ritmos, de asuntos, de escuelas, de estilos, de tonos y de voces. No hay coincidencias formales y, mucho menos, uniformidad. ¿De esas diferencias está hecha una generación? ¿Por qué no? ¿Está mal? ¿Deberían entregarse a la familiaridad, la homogeneidad, la marca?

Reunidos en este libro, como varios de estos escritores han estado en otros, los relatos de En celo buscan una salida hacia el exterior de la plataforma común. Ocurre en todos los consorcios: cada habitante convive en tensión con los otros sólo por ahora, mientras agita en su imaginación un horizonte al que solo se puede llegar solo. En el fondo, sexo y literatura responden al delirio de una misma fantasía: la de creer que las cosas pueden llegar siempre un poco más lejos.


lunes, 14 de julio de 2008

LA MUCHACHA Y BORGES



EL ENAMORADO

de Jorge Luis Borges

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,

lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

UN ESTILO PARA LA NACIÓN

Contesto aquí un comentario volcado en una entrada anterior, porque me parece que el tema puede interesar a más de uno. Además el lector tiene razón y me da pie para empezar otros asuntos, algunos de difícil acceso para los civiles. Espero que esta forma de responder no esté fuera de Protocolo. La revista Chasqui, que ilustra la nota, da debate sobre los manuales de estilo.


Estimado amig@ G., su objeción es válida. Tiene usted razón. El blog es sólo un
soporte. No tiene estilo. Bien. Corrijo la redacción de la nota El riesgo de escribir y donde dice El blogero carece de manual de estilo, pondré ESTE blogero carece de manual (entre otras carencias). también surgen de sus palabras que deno usar el término blogger. Se agradece. Vió que escribir tiene sus riesgos? Por ejemplo equivocarse.

Vamos al tema en cuestión. Le cuento que en los diarios, y el más importante en eso es La Nación, todo debe hacerse según un MANUAL DE ESTILO. Este bicho determina no solo el diseño y la tipografía a utilizar, sintaxis, tono, color, sal y pimienta y forma de redactar y mil y otras historias. De cualquier modo está bueno que un diarios unifiquen sus criterios. Pero claro, los que ponen los titulares, los que mandan, también deberían atenerse a esas normas, sobre todo a las éticas. Lo feo es que a veces, la mayor parte de las veces, EL MANUAL DE ESTILO pasa a ser un moderador del periodista, (actúa a modo de censor pasivo). Ese que redacta las notas no puede expresar su real pensamiento, fuera de la posición oficial del dueño o director de diario.

Debo aclarar que ningún periodista ni amigo, ni adversario, me ha dicho nada, ni lo he leído denuncias, sólo surge
de mi observación. En otras palabras, no tengo testigos y la escena del crímen puede dar para distintas interpretaciones, por lo que mis puntos de vista puedan ser fácilmente destrozados por los fiscales de los MULTIMEDIOS.(Q)


viernes, 11 de julio de 2008

LOS RIESGOS DE ESCRIBIR


No se me vayan a enojar los escritores amigos, simplemente es una opinión de lector. Este blog, como muchos otros, es eso, pura opinión. No son notas periodísticas. El blogero carece de MANUAL DE ESTILO. Justamente la idea es no tenerlo. Que yo piense que la literatura de Mendoza todavía depende de la estética nerudiana, no quiere decir que no me guste lo que algunos escritores de esa onda hacen, o que lo herederos del trasandino hagan poesía de baja calidad. Nerudiana y todo, hay cosas valiosas. Simplemente opino que hay que vivir hoy. Es eso, o el manso y mismo bostezo.



Respeto en todo su valor los Veinte poemas, Los versos del Capitán, Tercera Recidencia, etc, etc. Hasta leo cada tanto, con gusto, ese libro discutible y desparejo que es Canto General, donde se muestra toda América. Conozco a Neruda. Lo estimo en lo que vale.
Fernando Lorenzo, quizá como una broma, nos hacía un ejercicio en donde dejando la primera y última palabra de cada línea de un poema de Pablo, vacíabamos y reemplazabamos el contenido. Manteniendo la extensión, podíamos escribir cualquier cosa, lo que fuera, hasta una receta de cocina, o un manual técnico, que sonaba a poesía.

Hay un antes y un después de Pablo Neruda, pero en estos tiempos en Chile y en Sudamérica pasaron muchas cosas. Lo digo en este estilo blogero adoptado, como en una charla de amigos, que deberíamos tomar más riesgos a la hora de escribir. Y evitar el aplauso fácil, el famoso Ahhhh! después de la burundundunga de ritmos y metáforas. No toda la gente de Mendoza curte esta onda corta. Hay quienes buscan caminos más inciertos. Esos son los escritores que me interesan especialmente.

Desde Piedra Infinita hasta hoy, ha pasado mucha agua bajo el puente de Cacheuta. Mientras tanto, se han derretido glaciares, se ha desmontado la flora, se dejó en abandono el ferrocarril, se desviaron cursos de agua, se construyeron plantas potablizadoras, se levantó el dique Potrerillos, se constryeron túneles y carreteras. El paisaje que acompañaba a Pablo Neruda cuando venía a visitarnos, es otro. Si hasta la montaña cambia. Nosotros, podemos ser los mismos? (Q)


martes, 1 de julio de 2008

EL FOLKLORE DE NUESTRA GENERACIÓN

Hace unos días tomé nota de un comentario del blog Islas en el golfo: Ya hemos llegado a Mayo del 2008... exactamente a 40 años del famosísimo mayo de 1968, la más cubierta y comentada de aquellas revoluciones en un año que fue mítico por el empuje de los jóvenes: aún estábamos de luto por los recientes asesinatos del Che en selvas bolivianas y de Martin Luther King Jr. en Memphis, este mayo parisino que me hace comentarles del tema, la matanza en Tlatelolco en México, la primavera de Praga tempranamente aplastada por los tanques soviéticos, el concierto de Woodstock y las primeras manifestaciones pacifistas en universidades yankees contra la guerra de Viet Nam... muchas cosas pasaron aquel año...


Ayer, leyendo a Hariki Murakami, al llegar al tercero de los cuentos de la reciente colección Sauce ciego, mujer dormida, quedé estupefacto. Cada línea parecía pertenecer a mi propia vida. Hasta donde dos personas, y con nosotros, millones, son marcadas por una forma, una experiencia, un devenir similar sino idéntico! Claro, el autor en Tokio, yo en Mendoza, el culo del mundo. Las líneas de este cuento testimonial puede pertenecer a cada uno de nosotros y a todos. De allí el acierto en el título: El folklore de nuestra generación. Qué pasó después de los sesenta, es harina de otro costal, pero está claramente explicitado en la segunda parte del título, Prehistoria del estadio avanzado del capitalismo. Murakami, parodia a esa biblia de la izquierda del sesenta que fue Imperialismo, etapa superior del capitalismo, la obra de Vladimir Ilich Lenin. Es sin duda, de parte del autor, una tomada de pelo para los dogmáticos. En la Argentina, a mi entender este movimiento presenta un desfasaje de cinco años con el mundo hiper-desarrollado. Pasándo en limpio, lo que en el hemisferio norte ocurrió en el 68, aquí irrumpió en 1973. (Q)


PREHISTORIA DEL CAPITALISMO AVANZADO

En el año 1961 empecé la enseñanza media y, en 1967 entré en la universidad. Cumplí los veinte años en pleno auge de las aparatosas revueltas estudiantiles que todos conocéis. En este sentido, creo que se me puede considerar un típico hijo de los años sesenta. Pasé el periodo más vulnerable, más inmaduro y a la vez más decisivo de mi vida respirando a pleno pulmón el aire salvaje, improvisado y espontáneo de los años sesenta, que, como es lógico, acabó emborrachándome por completo. ¡Había tantas puertas que debíamos abrir de una patada! Sí. ¡Y qué fantástico es tener ante los ojos puertas para que las abriéramos a puntapiés! Y todo eso con los Doors, los Beatles, Bob Dylan y los otros como música de fondo.


En la década de los sesenta, sin duda, ocurrió algo especial. Lo pienso ahora al mirar hacia atrás, y también lo creía entonces, cuando estaba inmerso en aquel torbellino. Que aquella época fue excepcional. Pero si la conversación deriva hacia la cuestión de si aquella década excepcional nos contagió con su fulgor a nosotros —es decir, a nuesa generación—, entonces, personalmente, no puedo evitar inclinar la tibeza en un gesto dubitativo. No puedo evitar balbucir una respuesita. ¿No nos limitamos, tal vez, a pasar por delante de todo aquello tan excepcional? ¿No nos limitamos, tal vez, de la misma manera que si se tratara de una película emocionante, a verla y vivirla con intensidad, sintiendo húmedas de sudor las palmas de las manos, para luego, una vez que se encendieron las luces del cine, salir a la calle poseídos por una inofensiva exaltación? ¿No nos olvidamos, por una u otra razón, de extraer de todo aquello una lección valiosa? Lo ignoro. Todo ello guarda conmigo una relación demasiado estrecha como para poder dar una respuesta precisa y justa.

FRAGMENTO DEL CUENTO DE H. MURAKAMI, INCLUIDO EN SAUCE CIEGO, MUJER DORMIDA.

sábado, 31 de mayo de 2008

DE ASTURIAS A SICHUAN, VIA MENDOZA


querida Iris, hermana en la llingua asturiana: me pedís una visita imaginaria a un lugar en las antípodas para tu programa cultural allá en las españas (Barcelona, Xijón, no sé donde estás ahora), te puedo sugerir la provincia de Sichuan, en la china central. Ahora te cuento porqué me acerqué a ese lugar remoto. La cosa es así:


Los primeros días de mayo me encontraron leyendo el voluminoso texto La Montaña del Alma, del Premio Novel y disidente (espero esto no sea un problema), Gao Xingjian. Un libro, que a pesar de sus 700 páginas se hace liviano y no me canso de recomendar. Es la crónica de un viajero por la más tradicional y pobre de las regiones de china, enclavada contra la Meseta Tibetana. Un país donde conviven varias etnias, algunas con una antiquísima riqueza cultural. Ya sabés como es, cuando te sumergís en una historia, estás ahí adentro, te diría en carne y hueso, lo que les pasa a los personajes de algún modo te pasa a vos. Se crea una empatía. Tanto, que al terminar la novela sentís tristeza por no pertenecer más a ese universo, como si hubieras perdido tu país y tus amigos.

lo malo es que mientras acompañaba y Gao en su recorrida, ya en la página 500, entre osos panda, montañas y amoríos, ocurrió la catástrofe del terremoto de Sichuan. Espiritualmente me encontraba ahí. Con los protagonistas. La lectura se me vino abajo. Cada vez que tomaba el libro, pensaba en el sufrimiento de la gente y en la desaparición de esos lugares. Desde mediados de mayo abandoné la lectura de Gao y me puse a mirar de frente la tragedia.

leí y visité todos los lugares web que la cordura me permitió. Encontré que los chinos, lejos de censurar las noticias, se abrían al mundo. Una actitud diametralmente opuesta a la del 11 de setiembre, donde no se vió ni un herido. He puesto varias entradas del blog Quintana bajo la lluvia con vínculos a las noticias que se fueron sucediendo. De todas maneras, es un pueblo capáz de resurgir y la solidaridad se está haciendo presente. Hablar de Sichuan es mi homenaje.

no es fácil ubicarse en el Asia Central para los occidentales, pero no sé porqué debo conocer, como conozco, casi de memoria los mapas de Francia y Alemania y desconocer por completo estas culturas diversas a la nuestra y que por eso mismo, tienen tanto que enseñarnos...De todos modos, siempre podemos hablar y lo hacemos, de éste, nuestro país, que como diría Pedro Almodóvar, es un amorío con obsesión y todo. Y de este Cono Sur americano, que no se queda atrás en curiosidades, desgracias y peripecias.

con afecto, desde Argentina, Luis.


(con tu permiso, voy a publicar esta respuesta en el blog, porque me han preguntado varias veces el porqué de mi repentino interés por China.)