No era así mi reloj. No daba estos saltos que ahora me descolocan. Te cuento: compré (en promoción) un reloj analógico, o sea con agujas, marca Mercedes Benz??? La promo era así. Si comprabas pantalón y camisa te lo vendían por nueve mil pesos chilenos. Costumbres de comprador compulsivo. En Falabella de Valparaíso la ropa juvenil era atractiva pero no me iba. No sé como cortan la ropa los trasandinos. Supongo que para ellos está bien que te tire de acá y te salga de allá. O son distintos, no sé. Forzando la compra me llevé el reloj.

El Mercedita pronto empezó a ser alabado. Por su estilo ultraclásico, por supuesto. Un cuerpo negro y malla de cuero al tono. Números y manecillas plateadas. Un logos pequeño. Dejé en mi placard
otros modelos más deportivos y se me instaló el nuevo, sobrio el tipo, en la muñeca izquierda. Anduvo bien hasta ayer, cuando de pronto se puso raro. Las agujas indicaban las diez y catorce cuando claramente eran las seis de la mañana. Al rato eran las nueve y cinco, luego la una. El tipo estaba mal. Le cambié la pila, lo hice revisar. Ante el técnico se mostró razonable. Pero conmigo se vuelve loquito. Igual lo uso. Cuestión de estilo. Ya dije, es un Mercedes Benz.

Sólo me inquieta un poco cuando marca la hora exacta, cosa que no ocurre muy seguido. Cuando las agujas marcan la hora con precisión, me comporto formalmente, apuro mis trabajos, hago lo que hay que hacer. No vaya a ser un aviso de que estoy perdiendo el tiempo, lastimosamente.
Por ejemplo ahora, esta nota, la comenencé a las trece cincuenta y la terminé casi dos horas antes de empezarla, a las once en punto. Entonces me vuelvo a preguntar. Será atinado dedicarle este tiempo a escribir, cuando hay tantas canillas que gotean? (Q)












