sábado, 10 de abril de 2010

Los límites de la televisión


Cuántas personas somos en los vericuetos de nosotros mismos? Cuántas de ellas trabajan de sicópatas? Podríamos preguntarnos cuántas son carpinteros o diseñadores o cocineros o verduleros. Pero hoy quiero hablar de los Yo sicópatas. Mejor seria decirlo por su nombre: de nuestros amigos, los asesinos seriales.

En el gran espectáculo universal que llamamos televisión, cada uno vé (nadie te obliga) aquello que le interesa, o mejor decir: aquello con lo que, por negación o afirmación, se identifica. Como millones de personas, yo también soy adicto a ver series de TV de asesinos. No quiero verlas, pero simplemente como dice un adorable serial: "es que no puedo evitarlo"

Tiempo atrás, las aventuras debían incluir sexo y violencia. Hoy el sexo se ha trasladado a los canales explícitos donde todo secreto es revelado. No hay arma ni disparo del cuerpo humano que no se vea, no hay movimiento, actitud y líquido que no se muestre. 

La pornografía ahora se revela y se muestra como un simple código para adultos. Hoy la pornografía es la maqueta en escala real del sexo humano. Como hay consentimiento entre las partes y códigos que establecen que todos deben gozar de sus actos, se despoja de todo carácter inmoral.


Pero en la fiesta del asesino que desafía al sistema, que se burla, ese no pide permiso, el otro en cuestión, la víctima está lejos de gozar. Vive la tortura y el infierno. El serial acecha, mata, descuartiza y esconde los restos. Mientras nosotros espiamos sus actos, sospechosamente identificados con él, más que con el pobre policía que arma el rompecabezas para atraparlo.


Y si te queda una duda de hacia donde van nuestras perversiones, mirá Dexter aquí, o Mentes Criminales aquí, y después me contás porqué la gente de Disney  invierte millonadas en culebrones donde vos espiás las perversiones elevadas a la enésima potencia.

La fórmula de sexo y violencia ha funcionado en el cine y la televisión durante el siglo veinte. Pero a ese casamiento exitoso le llegó la hora del divorcio. Hoy el sexo importa poco, se ha ido a lugares especializados donde pasa de todo pero nunca pasa nada. De tan explícito ha adquirido cierta inexistencia. 

Hoy el sexo como tal es apenas es el hermano pobre de la violencia. Una violencia extrema que es la droga, el éxtasis del espectador. Aunque hay que aclarar que el sexo no se puede tapar, y que es el motor secreto del  Señor Asesino, que el sexo está escondido en forma de imposibilidad y que pretende realiza sus fantasías orgásmicas con la negación de la vida.

Es entonces cuando curiosamente, lo que era pura violencia, se transforma en un sexo  de poder enorme, en  la forma más atractiva para el público: la monstruosa sexualidad de la aniquilación  del otro. El crimen es una sexualidad negada y sublimada en la aniquilación del otro.


Supongo que el SUDES, (Sujeto Desconocido) en la ficción o realidad, disfruta tanto su tarea como yo al escribir ésto. Sólo que él goza de más atención pública, goza de toda la atención pública. Los medios y los mediáticos caen rendidos. En cierto aspecto, un asesino es un artista con audiencia garantizada.

En esta sociedad tan aburrida de sí misma, que eleva al asesino serial a la categoría de semidios de un Olimpo llamado Caja Boba.(Q)




1 comentario:

Luis Álvarez Quintana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.