domingo, 29 de agosto de 2010

Mendoza, una ciudad fragmentada








Un flashforward es una visión repentina del futuro. En este flashforward nuestra ciudad  tiene una enfermedad terminal. Eso, claro, ocurre en el futuro. Todavía no hemos llegado a ese estado, pero si la visión se cumple, Mendoza pasa a terapia intensiva. Como muchas otras ciudades en el mundo.

Síntomas de enfermedad sobran en el cuerpo urbano. Como en las novelas de ciencia ficción, el futuro se puede cambiar, pero sólo a costa de decisiones enérgicas, sin medias tintas, a veces heroicas. Si nos hacemos los distraídos, la ciudad será tarea de forenses. 

La ciudad que vimos en nuestro flashforward, tiene puesta una fecha de vencimiento. Vimos basura por todos lados, caos en el tránsito, árboles secos, demoliciones a troche y moche, urbanizaciones como fortaleza. Uno sabe que vamos en ese sentido. Si las cosas siguen así nos encontraremos inexorablemente con la pérdida de la calidad de vida. 

¿Qué podemos hacer para evitar el colapso? Lo primero, es tener claro que una ciudad no puede tener límites institucionales rígidos. La existencia de cinco o seis administraciones municipales en un sólo núcleo urbano, tuvo sentido en el siglo diecinueve, con grandes espacios entre los villas cabeceras. Hoy es una aberración que impide cualquier acuerdo.

 






La fragmentación como un problema del cuerpo 

La Ciudad de Mendoza es apenas un damero de treinta por treinta cuadras, pequeña cabecera autónoma y autárquica. Rodea a este núcleo, el cuerpo urbano, Guaymallén y Las Heras Godoy Cruz, departamentos donde vive la mayoría de la población. Este cuerpo extiende sus miembros en Luján y Maipú. 

La ciudad es un organismo vivo. Todo lo que debe fluir, fluye inevitablemente, fluye como puede. El agua, el tránsito, la vida, el crecimiento, las industrias, el turismo, el trabajo, la vivienda. Nada obedece los límites de una forma arbitrariamente impuesta.

Entre la necesidad de fluidez y los cortes que se producen en el cuerpo, Mendoza crece como puede. En todo caso, este ser se va transformando, mal que nos pese, en algo parecido a la aberración de Frankenstein. Y las cicatrices urbanas empiezan a notarse. Es pretencioso y dañino mantener este sistema municipal mal zurcido, con una población que pronto llegará al millón de habitantes. Es la causa principal de la enfermedad que vamos engendrando. Ejemplos sobran.
 
Para aprobar la apertura de una calle deben participar tres municipios con sus Concejos Deliberantes. Esto es, dieciseis por tres voluntades, que se dividen de acuerdo a intereses políticos, barriales, privados, gremiales, etc, etc. ¿Quién puede transformar la ciudad cuando se necesitan los brazos levantados, la conformidad, de medio centenar de personas? 

La ciudad es una sola pero fragmentada. Los interéses y la visión de los ediles de Godoy Cruz, Capital, Guaymallén, Las Heras, Luján, Maipú, son necesariamente diferentes. ¿Cómo conciliarlos? Es claro que el eje pasa por la cuestión municipal.

Una nueva legislación que unifique administraciones, es el primer paso. Es posible que seamos escépticos ante esta alternativa, porque nadie quiere perder su cuota de poder. Claro, los mismos que deben legislar son los que deben correrse para que el sistema se simplifique. Nadie se corre solo de una situación de poder. Entonces, qué hacer?







Vamos por parte, dijo el forense

Debo confesar que envidio la capacidad de los dictadores para encarar los problemas de la ciudad. Un dictador es una voluntad unitaria. Es puro acto. Interviene con energía absoluta. Puede poner los temas sobre la mesa y decidir. Opera aquí y allá. Si esa intervención se extiende en el tiempo, puede corregir errores. Sin embargo, la dictadura, esa forma de gobierno que en lo político se ejerce por la fuerza o el engaño, es el peor sistema de gobierno posible.

¿Cómo conciliar las formas democráticas de decisión con las urgencias de un cuerpo urbano moribundo? ¿Puede la sociedad darse el lujo de discutir indefinidamente el sentido de marcha de una calle, el trazado de un tranvía, el talado de un árbol, cuando el cuerpo de todos pide oxígeno?

¿Y los intereses particulares, por supuesto válidos por ser los motores del crecimiento, pueden hacer y decidir por sí mismos? ¿Pueden los dueños de los micros, los gremios de choferes, decidir por dónde deben ir los colectivos, cuando estos son la clave del movimiento urbano? ¿Pueden los dueños de un terreno, con algunos capitales, demoler el patrimonio arquitectónico para levantar discutibles pisos de rentas? Pueden. Si, todos pueden. Donde reina el caos de la fragmentación urbana, el interés sectorial está por encima del interés colectivo.
 
Pero vamos por partes, dijo el médico forense. Primero instalemos el debate.  Primero tengamos un flashforward.(Q)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace tiempo tengo algunos pensamientos dando vueltas...(algunos no es para alarmarse...) acerca de independizarnos del poder, en particular del que nos hace daño, buscando alternativas. Un flashback también hace falta con una mirada hacia los recursos principales y los cuidados que desde hoy es necesario implementar...

Anónimo dijo...

para plantearselo muy seriamente....a vces da la sensacion de que a muy pocos le importa.

Anónimo dijo...

mientras exista el capitalismo, nuestra ciudad esta condenada. mientras los arquitectos respondamos a ese sistema, mientras todos los profesionales con incumbencias urbanisticas nos sigamos prostituyendo estaremos asesinandola. hoy, el problema de nuestra urbanidad somos nosotros: individualismo, ambicion y capital.

Luis Álvarez Quintana dijo...

Una ciudad como la nuestra, como tantas otras, que pueden ser un lugar excelente para vivir, se van transformando en ese "no lugar" tan temido.

Anónimo dijo...

el flashforward me apenò...Mendoza pierde condiciones a pasos de gigante y se va convirtiendo en una babilonia de mediopelo..