jueves, 4 de septiembre de 2008

EL ARTE CLANDESTINO NO SE CALLA


Podemos tomar el arte callejero como materia de estudio sin que pierda su esencia? Fotografiar, revelar, poner en marco, montar, iluminar, analizar. Este proceso que detiene el fluir natural de las calles, es válido? A juzgar por algunos de los asistentes del evento
La calle no calla, en Valparaíso, el arte del stencil no debería someterse a esta exposición.
En medio de las palabras con que las autoridades de la Escuela de Sicología de la Universidad Andrés Bello presentaron el evento, una reacción fuera de tono.

La encolerizada piba que apenas podía articular unas palabras, picoteaba los discursos de presentación con sus frases de Esto es más simple! Esto es más simple! fue invitada a guardar silencio por los organizadores del evento, que parecía estar por desbordarse.

Más tarde, cuando fue invitada a exponer, la chica había hecho mutis por el foro. Se había retirado, enojada por la falta de respuesta, que ella pretendía inmediata.
Picantes los chilenos para las cosas del arte. Apasionados. La reunión fue interesante, lo único malo fue esa falta de flexibilidad que se dió, justamente cuando una evidente, aunque no lo dijo artista del stencil, quiso expresarse.

Claro, con monosílabos y en forma destemplada.
Nos perdimos, por falta de sentido de la oportunidad de unos y por la iracundia de otros, un debate escencial. Pero esta situación de conflicto, aunque fue más gestual que nada, esconde y muestra la escencia del asunto. No hace falta haber estudiado sicología.

El tema es simple! Lo central de la muestra, más allá de sus muchos méritos, es justamente la cara que oculta, lo que no se muestra y probablemente no pueda mostrase, porque sería como meter un río en algunos frascos de vidrio.


El stencil, como el grafiti, la pintura callejera, y aún la pintada política que alguna vez ejercí en mi juventud, es hija de la clandestinidad, de la oscuridad, roza lo ilegal.

Para las pintadas nosotros nos organizabamos en especies de brigadas, que tenía su jefe, su campana y los de la brocha, o plantillas, o pinceles, o aerosol, o lo que fuera. Esto fue y será así, porque el arte callejero es un arte clandestino.

Es clandestino y subversivo porque daña la propiedad privada, esencia de la vida burguesa de las ciudades. Entiéndase cuando digo que daña, es en base a mi propia experiencia. Cuando en respuesta a mis inquietudes artísticas casi me dañan la cara. En cierta oportunidad un vecino afectado por nuestros pinceles averiguó quien era el jefe de nuestra agrupación y fue a la facultad en mi busca. por poco me pega.

Habíamos arruinado su linda pared recién pintada. Pero, que te puedo decir, a quien se le ocurre ofrecer a la vista de gente que tiene mucho para decir, una pared blanca, impecable y bien ubicada. Señor vecino de un bonito barrio. Un lienzo urbano como ese, es o no una provocación?
Valparaíso es otra cosa, allí los trabajos de arte se integran a la calle valorizándola.


Tengo en mi poder un hermoso libro sobre trabajos que vienen realizando grandes pintores en los contrafuertes de los cerros, en un recorrido que han bautizado Museo a Cielo abierto. En este caso se institucionalizó eso que había empezado com cuestión clandestina. Si hasta es uno de los paseos recomendados a los turistas que subiendo por el ascensor Espíritu Santo, pretenden trepar los cerros para llegara La Sebastiana, una de las casa de Pablo Neruda! Paseo obligatorio para los gringos.

Volviendo a la muestra 1000 stencil del Mundo, me identifiqué de entrada con la artista y sicóloga que encaró la recopilación de imágenes en ciudades tan distantes como Santiago, Buenos Aires, México y Madrid.

Lástima que el sitio que anuncia la muestra no da información sobre la autora de las fotografías y en cambio sí se extiende en la enumeración de las meritorias personas que expusieron sobre el tema. A la hora de hacer este comentario, por lo tanto, no dispongo, coincidentemente, el nombre de la artista.

Si parece un karma del arte callejero. De cualquier modo, fue una noche de lujo, el DUC, que funciona como centro cultural junto a la Iglesia de la Matríz en la zona más antigua del plano de Valparaíso es un edificio remodelado con buen criterio. La Escuela de Sicología fue una gran anfitriona y el viaje desde Mendoza valió la pena. Fue un buen marco y mejor pretexto.





Nota posterior: la autora de la muestra es Catalina Scott, psicóloga y docente universitaria. Para acceder a más información ver lacallenocalla@hotmail.com. El stencil que concluye la nota sobre el genocidio animal es duro y efectivo. Uno se pregunta que pasó el 21 de mayo. Si algún vecino de Valparaíso nos puede explicar, la comprensión sería mayor. Pero la idea se entiende igual y sirve de advertencia para cada día.

3 comentarios:

lacalle dijo...

que sorpresa encontrarme con el comentario de Quintana bajo la lluvia caminando por las calles de la red.

Gracias por la visita al puerto. En estas semanas he trabajado para ponerme al día. Estaba pendiente en mi memoria escribirles
aunque no lo creas llegar hasta La Matriz es un acto subversivo en nuestros días.

Espero mantener el contacto y conversar largo sobre las experiencias de calle

un abrazo

la autora.
El anonimato es un valor que no se transa, por ahora

lacalle dijo...

lacallenocalla@gmail.com para conversar

Luis Alvarez Quintana dijo...

No me resulta fácil conectar con gmail. Tengo un amigo en Viña con el que tenemos la misma dificultad. pero bueno, lo voy a intentar. Y si no, los esperamos por Mendoza, en persona, que ahora vienen sus fiestas patrias.